MEMORIAS SOBRE JOSE BARBICH
Por Pablo Nieto (Amigo y arquitecto de Monseñor Barbich)<br>Buenos Aires, 13 de Febrero de 2006.
Conocí a José Barbich en el Colegio de La Salle de Buenos Aires, siendo aún niños. Conocer es una forma de decir. Ese magnífico querido Colegio era entonces una verdadera familia amorosamente protegida por los “temidos y amados” Hermanos de la Salle. Y como en toda familia, uno no se conoce, sus componentes, padres, hermanos, han estado ahí desde siempre, desde toda la eternidad. Éramos con José y muchos otros como hermanos. José era un muchacho de estatura prócer, buen alumno, pero sobre todo reconocido en la hermandad lasallana como “el arquero”, lugar que amaba y ocupaba en todos los partidos amistosos e intercolegiales. Y era de los mejores. Rara vez fallaba.
Muchos años después en amistosas y distendidas charlas en medio de la “batalla” de San Miguel, me contó que de no haber sido sacerdote se hubiera dedicado al futbol y en el puesto de arquero. Extraña y opuesta elección se podrá pensar. Pero ante la larga historia vivida con José pude ver que la vocación era en realidad única. Un arquero es la última línea de defensa ante el ataque del adversario y aún ante el castigo de los “penales” su valor y habilidad puede convertir una derrota en triunfo. ¿No es esta la función de un sacerdote que jugando con un mal equipo de “ovejas perdidas”, como somos todos, ha vencido al “adversario” en incontables partidos, aún ante la situación de “penal”
Me reencontré con José cuando me llamó a formar equipo en la restauración de San Ramón Nonato de Buenos Aires. Como en muchas parroquias con colegio había mucho por hacer. Ahí ambos conocimos a una pareja extraordinaria que se ocupaban de la iglesia, del colegio, de todo. Ella era “La Negrita” de escasa formación pero de una voluntad, capacidad de acción y sobre todo fidelidad como José no encontró nunca más.
Ante el estado de deterioro general, la habitación que ocupaba este matrimonio en los ámbitos del colegio clamaba al cielo. Pues bien lo primero que me pidió José Barbich fue que me ocupara de dar a esas personas una vivienda digna. El resultado fue completamente satisfactorio para la dignidad humana. Las naves de la iglesia tuvieron que esperar.
José Barbich dona en sus obras su herencia familiar.
En otra charla, también en San Miguel, él que contaba mucho: en los consejos del Obispo de Añatuya por los años 70, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo me comentaba que le manifestó que pensaba vender todo lo que tenía y repartirlo a los pobres. Este sabio Obispo le recomendó que no hiciera tal cosa y que iba a tener oportunidad en el futuro de hacer rendir el fruto de sus mayores, en su actividad pastoral el ciento por uno, como en realidad sucedió, aunque la obra quedó inconclusa por desgraciados sucesos lejanos de la Iglesia Universal.
A fines de 1982, fuimos ambos a San Miguel, él a ocupar el puesto de párroco, yo a colaborar ante el increíble problema edilicio y pastoral que había que enfrentar. Los sucesos de San Miguel son por muchos conocidos, publicados en diversos medios periodísticos, en justo reclamo de los que lo sobrevivimos hasta implorar la intersección de las máximas autoridades del Vaticano con reconfortante respuesta.
En lo personal, de este hombre increíble, lo que más tengo presente en los últimos años, es la imparable actividad en cualquiera de las 24 horas de los 12 meses de todos los años, en San Miguel o en el exterior, que mantenía con los más necesitados, gobernadores, intendentes o marginados. Y sobre todo lo más inolvidable, es que todos, absolutamente todos, sin importar la “escala social” que establecemos los humanos, recibían su aparición con una sonrisa, un abrazo, un gesto amable, que él no respondía sino que se “trenzaba” de la misma forma, porque simplemente era el Padre José, el amigo, el hermano, el de la mano siempre tendida. Es como si un cierto brillo que no reconocían del todo los enalteciera.
Sin embargo… la envidia es y fue poderosa.
Ahora, sólo me referiré a un incompleto y un poco desordenado listado de lo que el PADRE 1e pidió a José en esta etapa de San Miguel, 1a etapa final, y que José acepto y cumplió con un “Si” sin reservas.
‘La Catedral — La Casa Parroquial – El Salón de Actos — El Salón de Reuniones 1° Piso —— La Sacristía — El Campanario. En general todo en estado de deterioro y obscuridad, con remanentes excesivos de adornos y santos preconciliares. El objetivo principal fue “limpiar” aclarar, reconquistar la luz. Quizá un punto importante fue recuperar una franja de terreno en el lateral izquierdo, perdida por un convenio entre e1 párroco anterior y el lindero de la esquina. Tras la reconquista, José incluso consiguió una donación de este lindero que se usé para hacer la rada de la catedral. El resultado final fue de sencillez y acogimiento, hoy bastante deteriorado por el renovado avance de numerosas imágenes y el ocultamiento del Retablo Angélico Capilla de Nuestra Sra. de Luján. Una especie de casona abandonada, que requirió la ayuda de comunidades Alemanas, aportes malgastados por su primer delegado e1 P. Balabani, debiéndose pedir nuevas partidas enfrentando José la situación de explicar lo inexplicable.
Para la Capilla de Santa Bernardita, compra los seis lotes y ejecuta parte de la obra hoy abandonada tras el fallecimiento de José.
Obras de reparación y ampliación del Colegio Parroquial, incluido un proyecto de capilla que no pasé de tal.
Proyecto para un hogar infantil en un terreno lindante con el colegio, no realizado y posteriormente materializado en la compra de una casa para tal fin.
Donación de 2 lotes y una vivienda para Cáritas Parroquial Hermita de Na. Sefiora de Luján en el lateral de la Catedral, hoy demolida. Fue donada por los sacerdotes de la Catedral y Capillas que acompañaban a Monseñor Barbich en aquellas épocas.
Entrar en más detalles de todo lo realizado llevaría páginas y páginas, más si se tiene en cuenta que todo se hizo en medio de una batalla de desprestigio y acusaciones originada en la comunidad de Santa Bernardita, que terminó con la vida y obra del inolvidable Padre José. Pero esta es otra historia que hemos rememorado de una forma muy diferente en otras circunstancias.
Atención: Todo lo aquí citado está documentado. Es bueno y aplaudimos su reproducción citando como fuente: josejorgebarbich.com para honrar la memoria de este hombre buscador de Dios. Quien expone es María Antonia Barbich, su hermana.









