BARBICH, Monseñor José Jorge
Prelado de honor de S. S. Párroco de San Miguel Arcángel (San Miguel). Rector del Instituto de Ciencias Sagradas San Miguel Arcángel. Director Espiritual del Seminario Diocesano. Asesor Diocesano de la Junta Coordinadora de Aposolado Seglar. Miembro de Consejo Presbiteral. Consultor Diocesano. Ecónomo Diocesano. Aseso Diocesano del Consejo de H. A. C. Por 25 años fue docente de Teología Moral en la UCA.
BENDECIDO POR DON ORIONE
Cuenta la familia que en ocasión de la visita a la Argentina del ahora santo Don Orione para inaugurar el Cottolengo, bendijo al bebé que doña Pía llevaba en su vientre, Ese bebé -dicen con orgullo- fue precisamente luego el padre Barbich quien, como Don Orione, tanto se preocupó por el prójimo. Y en verdad ese fue el distintivo de Barbich. Más allá de su cultura, más allá de su inteligencia y su capacidad para el trabajo, estuvo en el la preocupación por el prójimo.
Mi hermano era santo de chico, un tipo excelente; y tuvo una sensibilidad especial. Lo recuerdo hablando con todos, ayudando a quien fuera; era chiquitito y ya sufría si al otro le faltaba algo. Se preguntaba e insistía por que el jardinero no podía comer con nosotros. Y no hubo manera de que conservara alguno de los sobretodos que mamá le compraba. Siempre hubo alguien a quien se lo regaló.
En la conciencia de haber sido privilegiado en más de un sentido, se esmeró en hacer lo posible para paliar diferencias, al menos aquellas de oportunidades y posibilidades.
Texto de M. Antonia Barbich (su hermana)
José Jorge Bernardo Barbich, tal su nombre completo, nació en la Capital Federal el 20 de octubre de 1935, estudió en el colegio La Salle y, después de cursar dos años de la carrera de abogacía, entró en el Seminario Diocesano de Devoto cuando casi tenía 20 años. Fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1964, en la Arquidiócesis de Buenos Aires.
En 1982, invitado por Monseñor Bózzoli (primer obispo de San Miguel) es nombrado párroco de la Catedral de San Miguel. Además, director espiritual del Seminario Diocesano yu años despues ecónomo del obispado y asedor diocesano del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
El padre Barbich desplegó una enorme actividad en su ministerio. Pasaba horas visitando enfermos, horas confesando, horas dando clases de teología en la universidad, horas visitando a los presos; horas proyectando y poniendo en práctica obras para los miembros menos favorecidos de su comunidad. No hubo quien quedara fuera de su preocupación.
Por eso refaccionó la catedral de San Miguel -en eso empleo parte del patrimonio recibido en herencia-, impulsó un hospital oftalmológico que lleva su nombre, construyó varias capillas dentro de la diócesis -una, la capilla de Santa Bernardita, quedó inconclusa a causa de un sacerdote que lo acusó de malversar fondos- y fundó un hogar para madres solteras. Entre los frutos de sus esfuerzos se cuenta la escuela superior para la preparación de catequistas.
Quizá fue precisamente eso lo que no le perdonaron, el talento, el dinero y la bondad que tenía y ponía a disposición del otro.
De esta manera Barbich tuvo también ensañados criticones que acaso hayan acentuado alguna vez su soledad de los primeros tiempos del seminario. Aunque, por mucho que le hayan dolido las críticas y repulsas, seguramente Barbich habrá pensado que en eso tenía buena compañía, ya que de las críticas no se salvó tiempo ha Jesucristo, como tampoco hoy se salva Teresa de Calcuta.
Y también tuvo reconocimientos, entre ellos, su nombramiento como ciudadano ilustre de San Miguel.
SUS ULTIMOS AÑOS
El padre José J. Barbich fue considerado y respetado como un gran pastor; por tal lo tuvieron los fieles de San Miguel, de cuya catedral fue párroco durante sus últimos 20 años.
A su muerte, el 28 de abril de 2001, dos mil ejemplares de la biblioteca de Barbich fueron donados al Seminario de San Miguel. A si muerte, en abril de 2001, sus restos están enterrados en la catedral de sus desvelos.*
* Por alguna razón que no se alcanza a entender, el actual responsable de esa catedral tapó los frescos que representaban arcángeles, sobre todo a San Miguel, que habían sido promovidos por Monseñor José, eran el orgullo de los fieles y fueron considerados patrimonio cultural por la municipalidad de San Miguel. Numerosas protestas, artículos periodísticos y cartas de lectores, entre ellas la de la experta en artes visuales Martha Detry, se ocuparon luego del tema inquiriendo y protestando por esta actitud sin que hasta el momento haya podido obtenerse una respuesta.
Atención: Todo lo aquí citado está documentado. Es bueno y aplaudimos su reproducción citando como fuente: josejorgebarbich.com para honrar la memoria de este hombre buscador de Dios. Quien expone es María Antonia Barbich, su hermana.























